No cabe en mi cabeza por qué nos suele llamar la atención lo prohibido.
No te conozco más que por tu nombre, algún saludo, y una pequeñísima conversación. De hecho dudo que te vuelva a ver.
Anoche he reconocido esos grandes y hermosos ojos azules, sí, en mis sueños. No recuerdo mi sueño en toda su gloria pero eras tú estoy segura, te acompañaba esa tierna amplia sonrisa que tienes, aún no entiendo en qué momento de la realidad deseé lo que me pediste, mi inconsciente lo sabía, por eso estabas ahí, me acuerdo claramente de lo que me pediste, sigo sin entenderlo, se supone que en la realidad no deberías, pero en ese momento fuiste claro en tu petición... Querías ¡Un abrazo! y no de cualquier persona, uno mío. No sé cuanto tiempo te tuve conmigo, tampoco si ese fue todo el sueño.
Mi alarma fue apagada de malas ganas, ni siquiera sé qué botón del celular presioné, aunque al abrir los ojos de algo estoy segura, que mi sonrisa se asomaba porque aún tenía la sensación del calor de sus brazos, y aunque quizá nunca ocurra, me encanta la magia de los sueños, donde hasta lo prohibido es envuelto en la fantasía de que podría ocurrir, nos hace dudar de lo que llamamos realidad y comenzamos nuestro día de otra manera.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario