Nerviosa estaba y temía que lo notaras, así que inhalé aire y silencié mi ruidoso y explosivo palpitar para acercarme sin más; ¿Puedo robarte cuando termine el Axe? claramente en una ambiente de fiesta entendió mi expresión y mi cobardía por ese breve momento desapareció. Su respuesta positiva me dejó menos tiritona, sumado a que al igual que a mí, la infaltable música de Axe Bahía no era del todo agradable porque no nos sabemos la coreografía; fue como para enamorarse.
La próxima vez quizás intente con: ¿Quieres ser el amor de mi vida? o tal vez, ¿Puedo adoptar ese conejo? En cualquiera de los casos, si es el indicado, la ansiedad y el nerviosismo son componentes para disfrutar de la experiencia; en una de esas, podría ser eterna.
Pasaron varias canciones más antes de que pudiéramos detener la conversación y concretar la invitación. Mis palabras sin sentido y mi risa descontrolada son en parte culpa de él; me agradó encontrarte ayer, espero que nos volvamos a ver.
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