Y cuando menos me lo imaginé, aparecen con unos mensajitos; inocentes mensajitos, que desempolvan un poquito el pasado y remueven algo en tu interior. Se trata de unos diminutos sentimientos que no recordabas pero que siempre estuvieron ahí, quizás esperando un reencuentro o a nunca ser descubiertos. A veces tal vez es duro esforzarse por ocultarlos sin embargo es un riesgo dejarlos crecer cuando ya se conocen los resultados. Sigo siendo la misma niña de ese entonces aunque me cuesta dejarme llevar por los sentimientos abstractos. Admito que no soy de mucho amores pero me dejé encantar por varios que me llevaban en sus nubes. Llegaba el momento en que sabía que nunca habría nada concreto y que a esa altura la caída me dolería; no considero haber sido tan masoquista como para seguir autodestruyéndome. Si te comprimí tu nube y la convertí en lluvia al igual que tu corazón, de la misma manera sencilla y un poco dolorosa, perdóname; también tenía que pensar en mí. Solía ser muy pequeña como para amarte en fantasía. Una pequeña realista que creía enterrados esos sentimientos y está aprendiendo a controlarlos.